A un niño se le puede quitar una caries a los cinco años o se le puede quitar el miedo al dentista para toda la vida. En nuestra consulta de odontopediatría en Villafranca del Castillo trabajamos las dos cosas, aunque la segunda es la que más cuesta y la que más dura.
Atendemos a niños desde que sale el primer diente hasta que terminan el recambio, con visitas cortas, sin prisa y explicándoles lo que va a pasar antes de hacerlo.
Porque lo que se busca de verdad en un odontopediatra no es solo que sepa de dientes, sino que sepa tratar con niños. Si el tuyo sale contento de la consulta, el trabajo está hecho.
La Sociedad Española de Odontopediatría recomienda la primera visita cuando aparecen los primeros dientes, o como muy tarde al cumplir el año.
Aunque suena pronto, lo que se pretende es revisar cómo está saliendo todo y que el niño pise la consulta por primera vez cuando no le duele nada, que es la mejor manera de que no la asocie al dolor.
Corta y sin instrumental. Miramos los dientes que han salido, cómo encajan al morder y el estado de las encías, y hablamos con vosotros del biberón, del chupete y de cómo cepillarle en casa.
Si hay algo que tratar se cita otro día, porque la primera vez conviene que venga solo a conocernos.
Está muy extendida la idea de que si el diente se va a caer no hace falta tratarlo, y es justo al revés.
Una caries en un diente de leche duele igual, puede llegar a infectar al diente definitivo que viene por debajo y, si la pieza se pierde antes de tiempo, las de al lado se mueven y le quitan el sitio al recambio.
Se trata, y cuanto antes se coge menos hay que hacer.
Las muelas definitivas salen sobre los seis años con unos surcos muy marcados donde se queda la comida.
El sellador los cubre con una capa protectora, se coloca en una sesión y sin anestesia, y evita buena parte de las caries de esa edad.
A partir de ahí basta una revisión al año para ir siguiendo el recambio y ver si la mordida va a necesitar ortodoncia más adelante.